jueves, 2 de agosto de 2007

Con los pies en la tierra.

Este es un cuentito que escribí hace casi un año, pocos meses después de llegar a Guate. Muy poca gente lo ha leído y me gustaría compartirlo con ustedes. Espero les guste.


Con los pies en la tierra.

Recuerdo que me encantaban los aviones. Un amigo de papá, que era piloto, nos llevaba a volar junto a mis primos cada vez que yo cumplía años.

Pretendía que me explicaran todas las cosas que pasaban a mi alrededor. Papá se divertía aprovechando eso (como hacen todos los padres) y me hablaba de algo que un tal Newton había formulado, que decía llamarse “Ley de la gravedad”. Según él era: “La fuerza que empuja a un objeto de determinada masa hacia el centro de otro de mayor masa, la tierra”. Pero que los aviones la desafiaban gracias a la aerodinámica. Algo que realmente parecía muy obvio y lógico cuando me lo explicaba en ese entonces.

No sé bien cuando pasó. Supongo que a esa edad cuando empezás a cuestionar todo, a notar que tu mundo es mucho más grande de lo que creías, a conocer otras verdades; o más bien cuando conocés realmente tu verdad.

En esa época conocí a Inés, una amiga de la prima de Bernardo, mi mejor amigo. Era casi pelirroja, con la cara llena de pequitas, siempre con una sonrisa. Ceceaba bastante.

Comenzamos a salir muy seguido. Creo que la veía todos los días. Disfrutaba pasar el tiempo con ella aunque no estuviésemos haciendo nada.

Llegó un momento en el que ya no sabíamos de qué hablar. Y aunque no nos resultaba para nada incómodo algunas veces nos aburríamos. Una de esas veces, ya callados hacía probablemente unos cuantos minutos, Inés comenzó a repetir una palabra una y otra vez. Yo lo hice también, comencé a repetir palabras hasta que perdían el sentido. Por estúpido que parezca, se nos hacía bastante divertido y ayudaba a pasar el rato.

Nos dimos cuenta que si lo hacíamos mucho tiempo el significado de la palabra comenzaba a desvanecerse cada vez más hasta que era permanente. Ella se espantó, no le gustaba para nada la idea de tener que aprender todo devuelta. Ese fue el problema entre nosotros. A mí me encantó, era la oportunidad de tener un verdadero punto de vista sin ser influenciado por nadie. Podía borrar el significado de algo y volverlo a escribir a mi manera. Siempre me gustó más escribir que leer.


Así que empecé a borrar y reescribir todo lo que sabía hasta el momento. No fue nada fácil, pero mi técnica era simple. Me compré un diccionario de bolsillo y fuí palabra por palabra salteándome las que no conocía.

En los primeros meses no cambié tanto. Las palabras de la “a” a la “f“ no eran muy influyentes en mi vida. Por más que alguna vez sentí alegría y felicidad, siempre tuvieron un concepto flexible. Nunca nadie pudo explicarme con exactitud sus significados.

Cuando todo cambió realmente fue al llegar a la “g”, más específicamente a la palabra “gravedad”.

Estaba en una plaza a tres cuadras de donde vivía. Hacía tiempo que no borraba en casa. Desde que Inés me había dejado no podía concentrarme ahí.

Fue la palabra qué más me costó borrar. Sabía que si lo lograba todo se desmoronaría y eso lo hacía mucho más motivante. Así que seguí y seguí durante más de doce horas hasta que lo logré. Me sentí un poco mareado, no tanto como cuando todo da vueltas, no era un malestar, más bien un mareo placentero. Empecé a sentirme cada vez más liviano, todo se movía lento, escuchaba como si estuviera debajo del agua. Una sensación demasiado rara.

Miré hacia arriba y vi una bandada de gorriones volando hacia el sur. Miré hacia abajo y vi que el suelo se alejaba lentamente. Quise ponerme nervioso pero no me podía sacar la sonrisa de la cara.

Toda la gente que estaba en la plaza se detuvo a mirarme. Los niños gritaban animándome. Los adultos permanecían callados con caras de miedo y preocupación.

Seguí subiendo y subiendo, tanto que ya veía mi casa a lo lejos. El viento comenzó a soplar más fuerte y empezó a arrastrarme con él. Me pregunté dónde terminaría. Cerré los ojos y lo disfruté.

3 comentarios:

DDB Guate dijo...

increible santi, muy buenoooo
(soy diego)

Beraly dijo...

Curiosa experiencia, digna de compartir.... una vuelta al pasado como para revivir

Anónimo dijo...

Dios Santo, como me encantaría poder escribir así. Muy buen cuentito Santi.